Robledo en Valor (42): Cinco Robledanos emigrantes a las «Indias» (1517-1566)
Un hecho tan trascendental como la conquista y colonización del continente americano no podía por menos que afectar a lodos los lugares de España y en particular a los comprendidos en el reino de Castilla. Muy pronto empezaron a marchar decenas de hombres hacia aquellas nuevas tierras. A mediados del siglo XVI ya había en América en torno a 120.000 emigrantes, número que fue en aumento. Parten los hidalgos, letrados, clérigos, colonos, industriales, y también muchos otros que nada dejaban en España porque nada tenían e iban al Nuevo Continente en busca de una vida mejor.
La región que dio mayor número de emigrantes fue Andalucía, seguida de Extremadura, Castilla la Nueva y Castilla la Vieja. Entre 1493 y 1519 marcharon a las Indias 5.481 emigrantes; pero entre 1520 y 1539 la cifra ascendió a 13.262, hasta alcanzar los 17.586 emigrantes entre los años 1560 y 1579 (1).
Entre esos miles de emigrantes nos encontramos con vecinos de Robledo de Chavela. Con nombres y apellidos se hallan registrados en el «Catálogo de pasajeros de Indias. Durante los siglos XVI, XVII y XVIII». Se trata del libro de asientos de la Casa de Contratación de Sevilla. Son cuatro los nombres de robledanos allí registrados:
a) El primero es Diego de Robledo, hijo de Bartolomé Sánchez y de Francisca, vecinos de Robledo de Chavela: 9 de julio de 1517 (Leg. 5536, Libro I, pág 488). Se sabe que fue escribano en México en la Audiencia de los Confines por el año 1540.
b) El segundo es Hernando de Murguía, natural de Robledo de Chavela, hijo de Alfonso de Murguía y de Mari Sánchez Rodríguez: 9 de noviembre de 1559 (II, 43).
c) El tercero que marcha a América con toda la familia es Alonso Martín, natural de Robledo de Chavela, hijo de Francisco Martín y de Catalina Gómez, con Francisca Sánchez, hija de Pedro Moreno y de Francisca Rodríguez, y su hijo Alonso, marchan a Nueva España (México); 21 de mayo de 1566 (III, 183).
¿Qué les impulsó a dejar Robledo? ¿Qué vida alcanzaron en el Nuevo Continente?. Solamente del primero se sabe que llegó a escribano en México, de los restantes nada sabemos. Sin embargo, podemos conocer las condiciones en que harían el viaje porque estas eran iguales para todos los que marchaban. Podemos vislumbrar lo que estos robledanos pasaron para cruzar el «mar Tenebroso» (océano Atlántico).
CONDICIONES DEL VIAJE
En el siglo XVI y en los inmediatos siguientes, para viajar a las Indias era necesario tener un permiso expedido por la Casa de Contratación de las Indias, cuya sede estaba en Sevilla. A partir de 1518 se suceden las disposiciones reales para aumentar para reglamentar a los que viajaban a las indias y sancionar a los que iban sin licencia. A partir de 1552, por disposición de Felipe II, los pasajeros que solicitaban permiso a la Casa de Contratación debían presentar informaciones previas hechas en sus tierras diciendo quienes eran. Desde fines del siglo XVI cada pasajero había de pagar para embarcarse 20 ducados de plata (un ducado era equivalente a 375 maravedíes, un kilo de bizcocho moreno 5,43 maravedíes y un litro de aceite 6,96 maravedíes) el precio del pasaje era elevado y más de uno había de buscar como obtenerlo.
Los pasajeros debían llevar todo lo que necesitaban para su persona y alimentación, salvo el agua que les proveía el barco. Además de la comida debían de llevar vasijas, ollas, sartenes, etc. para guiar su propia comida. Por lo que se refiere al ajuar de dormir la costumbre parecía ser que cada pasajero llevara consigo frazada, almohada y colchón.
El viaje era tan peligroso que el cronista Antonio de Guevara dice: Es saludable consejo que todo hombre que quiera entrar en la mar, ora sea en nao ora sea en galera, se confiese y se comulgue y se encomiende a Dios como bueno y fiel cristiano; porque tan en ventura lleva el mareante la vida como el que entra en una aplazada batalla». Y no olvida tampoco el cronista la preparación del cuerpo cuando dice: «Es saludable consejo que el curioso mareante ocho o quince días antes que se embarque procure de alimpiar y evacuar el cuerpo, ora sea con miel rosada, ora con rosa alejandrina, ora con buena caña fístola, ora con alguna píldora» (1).
Este difícil y peligroso viaje sería el que llevaran a cabo los cinco robledanos anteriormente citados.
(1) Martínez, Jose Luis: «Pasajeros de Indias. Madrid. 1983
Aclaración
Todo el texto se ha obtenido del libro «Robledo de Chavela: un pueblo para la Historia” de Laura y Carmen Gutiérrez Rueda, doctoras en Historia del Arte y Farmacia respectivamente.
El Ateneo Antoniorrobles solo aporta la localización de la obra, la selección de los textos y su divulgación. Se ha respetado íntegramente el texto.
Agradecemos a Mª Ángeles Guijarro su colaboración en la búsqueda documental.
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