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35 Veranos. (Cursos de Verano de la U.C. M.)

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35º Aniversario de los Cursos de Verano de la Universidad Complutense de Madrid.

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Robledo de Chavela esta presente en uno de los capítulos del libro publicado por la UCM con motivo del 35º aniversario de sus ediciones. Por los cursos de verano han pasado 17 premios Nobel, y sus carteles han sido diseñados por artistas de la talla de Rafael Alberti, Juan Genovés, Eduardo Chillida, Tápies, o Barceló, entre otros.

Recogemos aquí el prólogo de la autora del libro y el artículo referido a la participación de Robledo de Chavela en el mismo.

PRÓLOGO: Sara Torres-Vega

Si se pudiera practicar un corte transversal a un cuerpo humano y ver, como se ve en los troncos de los árboles, los anillos de crecimiento, estoy bastante segura de que observaríamos que, en la gran mayoría de nuestros cuerpos, el mayor crecimiento se produce en verano. No hablo del crecimiento físico (aunque quizás también), sino del crecimiento espiritual y experiencial del aprendizaje que se adhiere a la memoria en forma de revelación o punto de inflexión.

El crecimiento humano, como el de los árboles, está directamente influido por el ecosistema que lo rodea: la temperatura, la humedad, las horas de luz, los nutrientes y los estímulos juegan un papel crucial en el proceso. No es lo mismo un verano en la tundra, ni un verano en la taiga que un verano en San Lorenzo de El Escorial. Localizado en la sierra madrileña, San Lorenzo de El Escorial es bien conocido como el lugar elegido por el rey Felipe II para construir el mastodóntico monasterio que sería su residencia hasta el día de su muerte. Sería por las fuerzas ocultas que algunos identifican en esta tierra o por el efecto de la concentración de gas radón en la piedra de granito que está presente en todas las construcciones, pero este contexto también fue el elegido para llevar a cabo el experimento que va a impregnar, cual resina de árbol, estas páginas.

El experimento en cuestión es una producción cuidadosamente planeada durante todas las estaciones del año para que, a la llegada del verano, los estímulos, las experiencias y las voces estén atentamente escogidas para un impacto (educativo, mediático e incluso político) superior. Una producción digna de una universidad como la Complutense. Ya van 35 veranos.

Otoño… Se formalizaron como Cursos de Verano de la Universidad Complutense en San Lorenzo de El Escorial en 1988.

Planeados por el Rector Gustavo Villapalos y dirigidos por Juan Antonio Escudero, los cursos fueron en palabras de su director fundacional “aquello que surgió de la nada y en el mismo primer año tuvo un enorme eco mediático, y no digamos nada después.” Caen las hojas, bajan las temperaturas y se activa la maquinaria de los cursos. Invierno… Cada invierno la organización de los cursos abre su convocatoria de propuestas. Cualquier persona, sin importar su ámbito (académico, profesional o artístico), puede proponer libremente qué contenidos serán parte de la programación de la siguiente edición de los cursos.

Al cierre de convocatoria, un equipo académico evalúa las propuestas y selecciona cuáles son aceptadas y cuáles excluidas. El equipo administrativo vela a su vez porque las propuestas se ajusten al marco económico y normativo. En este punto, la diversidad y representatividad de áreas de conocimiento ya marcan el color de los próximos cursos de verano. Color que va tiñendo las hojas de un complicadísimo Excel.

Primavera…

Suben las temperaturas y es tiempo de poner caras al Excel. Con la primavera se consolidan las voces que serán escuchadas en aulas, escenarios y cafés de la siguiente edición de los cursos de verano de San Lorenzo de El Escorial. Desde la primera edición han participado en los Cursos de Verano miles de personalidades de todas las áreas del conocimiento, muchos de ellos reconocidos con los máximos galardones: Premios Nobel, Premios Cervantes, Premios Príncipe de Asturias, Premios Jaume I, Premios Pulitzer o Premios Óscar entre otros.

El elenco de personalidades de primer nivel que han participado hasta hoy en los Cursos de Verano es tan amplio y diverso, que resultaría injusto nombrar siquiera a unas cuantas; tan injusto como no citar, entre otras muchas, la presencia de personajes de la talla de Nelson Mandela, Salman Rushdie, las reinas Sofía y Letizia de España, Joseph Ratzinger, George Bush, Garri Kaspárov, María Kodama, Octavio Paz, Günter Grass, Imperio Argentina, Dereck Walcott, Margarita Salas, Saul Bellow, María Blasco, Mario Vargas Llosa, Ana María Matute, Mario Benedetti, John Eccles, Carleton Gajdusek, Kary Mullis, Hortensia Bussi, Pilar Miró, Leo Esaki, Teresa Berganza, Franco Modigliani, Aline Griffith, Oliver Stone, Rafael Alberti o Mstislav Rostropóvich.

Todas estas personas han ido marcando sus calendarios y coordenadas en primavera para no perder su cita veraniega en San Lorenzo de El Escorial. La estación final, no se hará esperar.

Verano…

Son 35. Los mismos veranos que tengo yo en el momento de escribir este texto. Momento este en el que me pregunto qué he hecho con estos veranos míos que me hacen ser la persona que soy hoy. Le he hecho esta misma pregunta a los cursos de verano Complutense. La respuesta ha dado como resultado 35 carteles creados por grandes artistas a lo largo de todos estos años, así como múltiples relatos escritos en el presente por personas de todas las áreas de conocimiento y con diversa vinculación a los cursos. Estudiantes, organizadores, ponentes, paseantes anónimos y observadores externos, hablan de cada uno de los veranos Complutenses en San Lorenzo de El Escorial. Escriben sobre sus aprendizajes, sus amores, sus bromas y frustraciones que, curiosamente, casi nunca ocurren en un aula sino en lugares inesperados: en una terraza, en un jardín, en una habitación o bajo los fuegos artificiales. Porque esto es precisamente lo que ofrece el verano. Lugares extraños (casi míticos), alejados de las calificaciones, las evaluaciones y la cadena de producción. Un lugar desde donde poder observar, pensar y crecer. Se trata de un crecimiento que huye de la urgencia de lo lineal (el camino más corto) y la exigencia de lo vertical (llegar 21 más alto) para centrarnos en algo tan natural como formar anillos de aprendizaje vital, compuestos por carbono, oxígeno, hidrógeno y una pizca de gas radón.

Sara Torres Vega Artista. Coordinadora de Arte y Humanidades y Directora del Programa Cultural de los Cursos de Verano de San Lorenzo de El Escorial.

Capítulo referido a Robledo de Chavela. Carlos Álvarez Nebreda.

Del ajedrez a los vuelos espaciales

Con los Cursos de Verano de la Universidad Complutense en San Lorenzo de El Escorial, he tenido una doble relación, por un lado, como alumno y por otro, como profesor. En el verano de 1990, tuve el honor de ser seleccionado por la UCM, para jugar una partida de ajedrez con Anatoli Karpov, considerado uno de los mejores ajedrecistas de la historia.

 

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La partida se jugó en la terraza del Hotel Euroforum Felipe II. De aquel momento, cuento con una fotografía de ambos enfrentados entre sí con el trabajo en medio. Además, en la escena aparece expuesta su firma en la hoja de control de movimientos, y como no, un significativo apretón de manos de reconocimiento y cortesía.

Os narro un hecho que me regaló la UCM por el que estaré eternamente agradecido y que hoy en día, conservo en mi retina todos y cada uno de los momentos de aquella partida, en la que me estaba “batiendo el cobre” con él. Se trataba de un acontecimiento que no me podía creer. Ahora bien, creo que no hace falta que les diga cuál fue el resultado final de la partida, pueden deducirlo ustedes mismos.

Por otra parte, en el año 2019, veintinueve años después, tuve la “osadía” de dirigirme a la dirección de los Cursos de Verano con una propuesta muy concreta. Para empezar, en nuestro planeta hay más de un millón de municipios, y sólo tres fueron los elegidos para el estudio del espacio profundo por La Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio Estadounidense, más conocida como NASA, los lugares en cuestión son: Canberra (Australia), Goldston (EE.UU.) y Robledo de Chavela (Madrid).

Además, coincidía con el 50 aniversario de la llegada del ser humano a la Luna, razón por la que se presentó un programa en el que compaginamos la parte académica y la operativa. Profesionales del mundo de la ingeniería, de la física, del ámbito matemático, expertos biólogos e informáticos se dieron cita en Robledo de Chavela junto con el director de NASA España y el del Complejo de Comunicaciones con el Espacio Profundo de Madrid.

Debemos mencionar que, muy a nuestro pesar, en 2020 no pudimos realizar el curso aprobado por la Comisión Académica como causa de la ya conocida COVID, pero en el año 2021, inmersos en una nueva normalidad, propusimos y nos aprobaron un curso que trató sobre la evidencia científica o existencia de vestigios o fósiles de vida microbiana o bacteriana en Marte, así como si era posible un viaje tripulado. Aprovechando la presencia del director de NASA España, a la conclusión del curso le preguntamos ¿cuál será el próximo proyecto de NASA?, a lo que nos contestó: “Volver a la Luna: ARTEMISA 2024”. Así pues, al día siguiente, empezamos a trabajar sobre el título para el curso que nos han aprobado para este 2022, teniendo muy presente aquella respuesta del director.

Ahora bien, probablemente, lo más relevante de estos cuatro años (2019-2022) impartiendo cursos relacionados con el espacio en Robledo de Chavela, es que nos abre la posibilidad de profundizar en otras vías de colaboración para un futuro próximo. De manera que, estamos trabajando a fondo en ello.

En el mundo aeroespacial y astronómico, la “Marca España” es reconocida gracias, entre otros, al Complejo de Comunicaciones con el Espacio Profundo de Robledo de Chavela (Madrid), y la Universidad Complutense de Madrid, ha sido sensible a esta circunstancia, abriéndonos las puertas para la organización y desarrollo de nuevos encuentros.

Como ya he comentado anteriormente, dos regalos por los que no tengo más que palabras de agradecimiento hacia la organización de estos cursos de verano en San Lorenzo de El Escorial.

Carlos Álvarez Nebreda Doctor por la Universidad Complutense de Madrid en el Departamento de Epidemiología, Salud Pública e Historia de la Ciencia de la Facultad de Medicina.

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